Suse Stoisser

_rosa cloud_

¿QUÉ ES LO QUE REALMENTE VEMOS? ¿Y A DÓNDE NOS LLEVA EL VER?

Arte de Suse Stoisser: Mediación Entre Mundos

Guenther Holler-Schuster

 

El arte de Suse Stoisser se enraíza en opuestos. Formada como pintora y escultora, no se decanta por ninguno de estos dos géneros. Combina deliberadamente géneros como la fotografía, el vídeo, el grabado digital o la pintura con elementos tridimensionales como la piedra, el metal, el vidrio o el plástico. Estas combinaciones inesperadas dan lugar a intervenciones espaciales que permiten concebir el arte en una situación que va más allá de la exposición. El espectador es llevado de un contexto a otro y debe estudiar y observar la obra con mayor atención de lo que es habitual en las categorías tradicionales de pintura o escultura.

_rosa cloud_ es el nombre de la exposición de Stoisser de 2020 en su ciudad natal, Leibnitz. Stoisser ha pasado gran parte de su vida viajando, primero  entre Viena y Leibnitz durante sus años de estudiante, y más tarde en Estados Unidos, México y Europa. Durante el confinamiento del Covid19, los viajes entre sus estancias en España  y Austria no fueron posibles. Pero mientras el mundo parecía encogerse durante la pandemia, Stoisser aprovechó la confinación para consolidar los temas e intensificar su lenguaje artístico. Elegir el antiguo cine de

Leibnitz como lugar de exposición fue una forma de cristalizar el tiempo en el sitio donde acontecieron las  primeras memorias de su infancia, ahora difusas con la vivacidad del presente, estas dos realidades colisionaron creando una diversidad visual, así como un panorama muy subjetivo desde la percepción psicológica.

La imagen de la _nube rosa_ personifica esta polifonía. La silueta de una niña -una sombra negra- flotando en una nube rosa. El lugar indeterminado, el entorno emocional indefinido en medio de una extensión infinita y la ambigüedad conceptual mergen para simbolizar el cosmos y las múltiples dimensiones de la realidad. La niña perdida, con la que se identifica la artista, se encuentra en una posición ambigua: ¿Se la está tragando la masa rosa? ¿O la nube representa la promesa del paraíso? Las nubes, el cielo, el infinito… son nociones relevantes en algo más que un contexto meteorológico o en el uso lingüístico. También en las religiones, la indefinición del cielo es un lugar decisivo de revelación, un lugar de felicidad, la última promesa.

La experiencia de la realidad virtual inherente a la cultura digital permite otra interpretación de la escena. De repente, las opciones visuales se liberan afectando nuestra percepción. Los conceptos de espacio y tiempo pierden su lógica y se reconfiguran. La atmósfera obtiene su equivalente en la infoesfera. ¿En qué realidad existimos realmente? Hoy en día, los datos se almacenan en las llamadas «nubes», enormes servidores que archivan todo material de datos producido por el ser humano. Por lo tanto, podemos imaginar que cada uno tiene ahora una «nube» que flota constantemente sobre si mismo, una nube que contiene todos nuestros recuerdos y experiencias.

El tema de Stoisser es que la vida es un viaje, en el que nos movemos por diferentes zonas de espacio y tiempo -y entre diferentes estados de conciencia. Su obra nueva se relaciona con la pandemia. Esta repentina perturbación internacional creó un estrechamiento de las opciones personales, una sensación de estar solo, una sensación de vacío momentáneo. Pero también parece haber hecho que la introspección se haya hecho más accesible. La incertidumbre y la esperanza se han convertido en emociones palpables, y la visión de la «realidad» se ha transformado.

Su obra ha sido creada a partir del testimonio del pasado, al tiempo que nos transporta a pensar en el futuro. Las piedras con inclusiones metálicas rinden homenaje a una cultura pasada, se presentan en vitrinas como si fueran hallazgos arqueológicos. Cada piedra, cada pieza de madera inscrita con su propia descripción, codifica el tiempo. El letrero HASHTAG  tallado en acero inoxidable y fijado en una roca aparece como un enigma mítico, un talismán misterioso que pertenece tanto al pasado como al futuro. En una segunda vitrina, las piedras están dispuestas con placas de vidrio que representan imágenes de humo. El estado fugaz del humo se conserva en la imagen (vidrio) y representa el fenómeno natural: vulcanismo, explosión, materia en movimiento. Es una declaración tanto de perecer como de prosperar. Del tamaño de un smartphone del siglo XXI, las placas de vidrio se leen como una especie de lenguaje estandarizado. Percibimos nuestro mundo en patrones visuales, formatos y estructuras de imagen: los componentes creativos de nuestra conciencia visual. Pero en un smartphone, el universo se acerca y se aleja, y se multiplica. Nos transporta a realidades nunca antes disponibles.

STILL THERE  muestra imágenes borrosas de paisajes forestales, cada una definida por una letra. En conjunto forman las palabras «FOREST» y «TREE» (bosque, árbol). Utilizando fotos tomadas desde un tren en movimiento, viajando entre Viena y Leibnitz, la obra es una oda a la polifonía. Representa los frecuentes trayectos entre el hogar de su infancia y su universidad de estudio, y la superposición de capas de conciencia, recuerdos de tiempos diversos le acompañan. Los recuerdos están representados por las imágenes borrosas, que se han impreso en forma de bolsas, maletas, «equipaje» que todos llevamos con nosotros a lo largo de nuestra vida.

WEREWOLF, THERE WOLF  tiene un contenido similar, aunque el viaje no es el tema. En una placa de acero inoxidable pulido, la artista ha montado imágenes de bosques. De nuevo desenfocadas, de nuevo incidentales, se presenta una sección aparentemente arbitraria de la realidad. Las imágenes desenfocadas, en formato de tableta con esquinas redondeadas, sugieren movimiento, aunque las placas de acero que las rodean transmiten estabilidad y estasis. De hecho, hay tres planos pictóricos que mergen aquí. Las fotos del bosque en color, la silueta de un lobo en la placa de acero inoxidable y el propio reflejo de uno mismo creado por el espejo de las placas metálicas. Así, la composición forma un montaje polifacético que aúna diferencias temporales y temáticas. El lobo, «habitante del bosque» y «protagonista de numerosos mitos», también puede verse como un ser solitario, un marginado. También está en peligro, incluso cuando se le percibe como la personificación misma del peligro. El bosque, o la representación de lo que asociamos con el término «bosque», se convierte en un lugar ambivalente: describe tanto la naturaleza serena como un terror potencial, un simbolismo arcaico intrínseco en todos nosotros. Todos podemos conectar con el bosque, el lobo, la imagen del espejo, las capas de conciencia que se abordan en esta obra.

SEARCH: NO TIGHTROPE WALKER, BLUE PLANET, HIDING  está compuesta por fotografías de losas de piedra en las que se han formado líquenes. Estas microfotografías de estructuras vegetales, teñidas posteriormente de azul y rojo, se apartan de su intención original y de su contexto. El formato de primer plano hace que se pierda la orientación y se disuelvan las dimensiones estándar. Los líquenes saturados de color se convierten en entidades inidentificables al igual que los cambios abruptos ocurridos nos han brindado un nuevo sentido de la vida y el entendimiento de nuestra relación con la naturaleza. Creada durante la primera fase de confinamiento del año pasado, la obra habla del modo en que la pandemia nos ha hecho vivir la naturaleza de nuevo. Un contenido bien conocido, ya olvidado y dado por supuesto, vuelve a pasar inadvertidamente al primer plano. Al mirar estas imágenes, no sabemos dónde estamos. La micro perspectiva nos invita a una visión surrealista. Las sombras humanas que definen la imagen junto a los coloridos líquenes ayudan a su identificación. ¿Quiénes son estas figuras, de las que sólo se ven las sombras? ¿Han provocado la decoloración de los líquenes? ¿O ellos sufren por el cambio de coloración de las plantas? ¿Influye en su estado de animo?

Vivir la realidad es cada vez más complejo. Cada vez generamos más y más imágenes. Nuestras imágenes interiores van infiltrándose en la realidad, haciéndose más concretas. Esta sobrecarga visual parece agobiarnos incluso cuando nos proporciona más opciones. La cultura digital desempeña un papel fundamental a la hora de hacernos sentir ajenos a lo familiar.

Experienciar la naturaleza se está convirtiendo cada vez más en una experiencia mediada. Se integra en la imagen y depende de ella; en muchos casos, ya se ha convertido en imagen. Existimos ahora en un mundo mediado de simulacros. El bosque, o la imagen del bosque, se convierte así en un lugar poético, al igual que se ha convertido en un símbolo de lo salvaje y lo espeluznante, un culto de lo mítico. Partiendo de esta idea, la videoinstalación WALD.3 Dialoops  convierte una proyección de varias partes en un paisaje forestal. El público experimenta el senderismo en el bosque, en el que las imágenes vuelan literalmente hacia el espectador, lo que permite que la experiencia personal de este espacio se vuelva concreta y comprensible. El lugar transmite inquietud, amenaza, así como huida y redención. Lo ideal es que el espectador pueda conectar aquí con el paisaje de su alma.

La realidad digital, o la transgresión de esta misma a otra realidad, es un elemento esencial del arte de Suse Stoisser. La reducción de las imágenes a datos, que hoy en día se ha convertido en algo natural, es una dinámica que ella integra continuamente en su obra. Pero, ¿Se trata realmente de una reducción, o más bien de una expansión explosiva? Tal vez podamos obtener una visión más precisa y diversa a través de los datos, que a través de la imagen de una persona. El código de barras contiene una cantidad de datos mucho mayor y, por tanto, podría permitir una interpretación más precisa que, por ejemplo, un retrato pintado. Sin embargo, hay que seguir diferenciando. La propia imagen depende del medio que se utilice: una imagen de rayos X dice algo diferente de una persona que su foto de pasaporte.

En su obra BAR CODE, Stoisser ha creado un retrato imaginario. Se cumplen los requisitos visuales esenciales: formato, marco, passe-partout. Es evidente que se trata de una placa de acero inoxidable pulida en mate con un monumental código de barras en la mitad inferior de la imagen. Este código podría ofrecer información sobre lo que no podemos ver. La codificación a través del código permite a los no iniciados la opción de imaginar. Con un lector adecuado, se podría descifrar el código. En la vida real, uno también se enfrenta constantemente a rompecabezas que requieren ser resueltos. Lo digital parece tener una solución, el código de barras es sólo una encriptación que puede ser descifrada – un deseo que falla cuando se comprueba con la realidad. El código de barras es claro en su significado. Contiene hechos contables transferidos en datos, que, sin embargo, sólo se hacen comprensibles en condiciones específicas. La apariencia óptica del código de barras es abstracta. Las líneas verticales sólo están ordenadas a distintas distancias entre sí.

El arte parece perseguir un objetivo similar. También allí el contenido se condensa y sale a la luz en una forma específica (códigos). La proporcionalidad entre el contenido y la visibilidad es lo que hace la obra de arte. El espacio entre los pensamientos y la visibilidad es nuestra percepción. Es este espacio el que habita el arte de Suse Stoisser. El re sultado es un modelo muy subjetivo de percepción de la realidad en el que la introspección, la poesía y el anhelo se encuentran con la dura realidad de lo visible. El poder narrativo de este arte nos invita a este proceso, nos hace partícipes de la narración, y así nos ayuda a sostener la realidad. Nuestra propia conciencia es invocada y puesta en movimiento.

Los efectos inquietantes, pero al mismo tiempo a menudo también esperanzadores, que han surgido como resultado de la pandemia se registran en la obra de Stoisser como perturbaciones. Interrumpen el curso general de los acontecimientos, pero también son detonantes de nuevos procesos perceptivos. La realidad digital se nos ha aproximado. La realidad de la imagen, la superación de las distancias a través de las ayudas técnicas, determinará nuestras vidas a partir de ahora en mayor medida que antes. Nuestra narrativa ha entrado en otro capítulo esencial.

 

Guenther Holler-Schuster. Curador, Neue Galerie Graz. 2021