Suse Stoisser

SOBRE EL ARTE DE MIRAR

Stefanie Viereck

 

Una figura negra como una sombra cortada, caminando, de pies ligeros, impresa en una lona perforada, balanceándose libremente por el espacio. En la parte inferior, la tela transparente permite ver los contornos de los visitantes de la galería. Las sombras de los visitantes se vislumbran, la figura flotante de sombra negra, ambos igual de reales e irreales.

Suse Stoisser trabaja a menudo con materiales transparentes para crear un espacio indefinido en el que reinan leyes distintas a las reales.  Crea un juego en el que coexisten realidades ocultas y de múltiples capas. De repente, parecen posibles diferentes formas de ser. ¿Dónde nos encontramos? ¿Y dónde encontramos apoyo? Lo que parece ligero y colorido a primera vista, ROSA CLOUD, revela una profundidad irritante en una inspección más cercana. Y al mismo tiempo no le falta ironía. Sobre nubes rosadas – qué simple falacia!

La artista insta al espectador a romper con lo familiar, a abandonar certezas, a cambiar de perspectiva. ¿Cual es el punto de mira? ¿Y quién esta mirando? Nuestros puntos de vista se tambalean. Los límites entre los sueños y la realidad se difuminan.

HOT LAVA es de color rosa caramelo; la niña que lo cruza, una sombra sin rostro. El título invoca dolor. Sin embargo, la niña de la sombra no juega a su juego inocente sobre flujos de  magma ardiente, sino sobre líquenes de colores. Un niño de pie frente a la obra imita la postura de la figura de la sombra. Un visitante pasa, un padre da explicaciones, una mujer hace fotos… todos cambian de posición y se convierten en parte del juego.

El arte de Suse Stoisser está lleno de citas y alusiones. Nada carece de significado, todo tiene un fuerte pensamiento, que llega con aparente facilidad. El torso rojo en el tríptico UNBEQUEMER AUS / BLICK(inquietante perspectiva) simboliza la figura de Jesús del altar de Grünewald, las grietas entreabiertas en el tablero se asemejan a una cruz. En la segunda imagen se abre el escenario, una cruz, cielo, nubes, una figura en suspensión – libre. En la tercera imagen, el Pensador de Rodin se sienta como una plantilla en una superficie de logaritmos. ¿Dónde está el alma en la era de los logaritmos? Preguntas que, con el simple hecho de ser formuladas, revelan incertidumbres crecientes.

Estos juegos mentales a menudo tienen lugar en un nivel abstracto, como si se vieran desde arriba. Las figuras ambiguas en el tablero de ajedrez – AJEDREZ – se basan en las figuras de personas en una postura ergométrica y ensambladas a partir de fotografías de hojas de eucalipto. Todos trabajando en frente de una pantalla. El símbolo conceptual predominante es la mantis religiosa. Al alargar las extremidades foliáceas, se crearon formas artísticas fantasmales de identidades indeterminadas. ¿Existe un entendimiento entre estas figuras? ¿O es solo la textura de las hojas de eucalipto lo que las conecta? ¿Algunos ya se han independizado hace mucho tiempo, desprendidos de su naturaleza? Suse Stoisser pregunta: ¿Estamos perdiendo nuestras raíces?

En última instancia, se deja a la capacidad del espectador reconocer la ambigüedad en estas obras, aceptar el desafío y desarrollar una percepción versátil. En otras palabras: el espectador debe dejar de lado todas las certezas y participar sin reservas en acrobacias mentales visuales. Tiene que participar del juego, de lo contrario se quedará fuera.

Covid19 ha cambiado la comunicación. Desenfoque de contornos. ¿Dónde está el límite entre el mundo analógico, literalmente tangible y el digital? Los encuentros interpersonales tienen lugar en la red. El aislamiento prescrito aísla a las personas a nivel físico. Las naturaleza pasa a primer plano. Suse Stoisser entra en diálogo con la naturaleza/con ella.

El barro húmedo y brillante, el picoteo de los pájaros y los pies descalzos nos dicen que estamos en la orilla del mar, una orilla poblada de sombras negras indistintas, otra vez sombras de niños y formas blancas de luz. Aquí Stoisser hace una alusión a las coloridas bandadas de Brueghel en el cuadro «Juegos de niños», pero sus niños son casi incoloros, sombríos, solitarios y sin rostro.

Y, sin embargo, de estas miniaturas emana algo tranquilizador, un extraño silencio, un lugar idílico, irreprochable, un suceso remoto, ajeno al mundo. Real e irreal a la vez, al igual que la obra se construye tanto con materiales reales como con la imaginación. Las fotografías de Stoisser se imprimen en vidrio, en plantillas de papel, en capas entre discos de tres formatos diferentes de teléfonos móviles. Son teléfonos móviles que no hablan ni suenan. Al permanecer en silencio, crean un diálogo sin palabras con la naturaleza a través del lenguaje visual. Son una forma de comunicación no verbal que va despojándose de sus capas una a una: desafiándonos a cuestionar nuestros dispositivos digitales, así como las imágenes y perspectivas habituales.

Bajo el título AUSBLICK.EINBLICKE (Outlook.Insights) se agrupa un conjunto de cinco obras relacionadas entre sí. Doce pantallas imaginarias de teléfonos móviles ofrecen cada una de ellas una imagen, aparentemente atrapada tras un muro de hormigón cargado de balas, una mirada a esferas lejanas. Como si de otro mundo se tratara, el ojo percibe una fantasía de colores más allá del muro agujereado.

Las nubes rosadas pasan con una extraña serenidad. En la primera obra, las miniaturas dibujadas en la computadora y la pared de hormigón fotografiada están impresas en una placa de acero inoxidable, lo que le da al extraño escenario un brillo especial. La luz viene de un lado. Como si fuera una habitación cerrada con una ventana a la izquierda. Las cuatro siguientes obras sobre papel también están determinadas por la diferente incidencia de la luz. Ventanas errantes, horas cambiantes del día, una puerta que se abre de repente Algo está sucediendo en el espacio, pero no podemos verlo.

Solo en las pantallas imaginarias, vemos vistas como el follaje de un prado de color azul; líquenes alterados, ahumados y de color grisáceo; bosques verdes que pasan a toda velocidad por la ventanilla de un tren; eucaliptos, sombreados de color azul-negro hasta la invisibilidad. ¿Se trata de una especie de naturaleza lejana e inalcanzable, que puede o no existir? ¿O estamos ante ficciones digitales? Quizá sean recuerdos de lo que ha sido, de lo que ha sido destruido, de lo que se ha perdido. Porque, tras la belleza de las imágenes, el color y la forma, se esconde algo profundamente inquietante e insondable.

No hay expresión humana, rostro, ojos o personalidad reconocible en ninguna de las obras de Suse Stoisser. En el mejor de los casos, a partir de la postura y los gestos se pueden adivinar características y comportamiento, amabilidad o ira, actividades perezosas o juego activo.

Esto es especialmente cierto en MEN ON PINK, en el que cuatro atletas son representados como contornos, formas vacías en cuatro nubes rosas. Se preguntan: ¿dónde está el individuo en el mundo digital? ¿Ha perdido la expresión y la individualidad? ¿Se le ha asignado simplemente un papel mecánico y sin alma?

El hombre desaparece, la plantilla permanece. Esa es la tesis provocadora que Suse Stoisser quiere expresar en estas obras, y que al final vuelve a arrojar dudas a sí misma. La HÉLICE/AMOR PROPELLS de aluminio pulido situada a la derecha encima de los cuatro MEN ON PINK pone en movimiento el mundo de las plantillas. Y en cada una de las tres palas de la HÉLICE se esconde, apenas reconocible a excepción de dos piernas, Cupido, el dios romano, también llamado Amor, la personificación del amor, que sigue siendo la fuerza motriz de una humanidad aparentemente despersonalizada.

 

Stefanie Viereck. Autora. 2021